La Colaboración en “el mundo de Einstein”

índiceLas cartas también experesan un extraño y envidiable don para la amistad y la franqueza. Haber, Einstein, Laue y Willstätter confiaban los unos en los otros, se confesaban los descubrimientos y los desánimos, las percepciones y los temores….Hasta que Hitler hizo pedazos todo esto, la suya era una comunidad de científicos, orgullosos de sus logros y agradecidos por su vida académica

 

Este texto extraído del libro “El mundo alemán de Einstein de Fritz Stern”, refleja cómo un nutrido grupo de científicos e intelectuales de la Alemania de entre guerras, constituyeron durante el primer cuarto del siglo XX, una de las muchas Comunidades de conocimiento que han nutrido al mundo, de avances inimaginables desde la producción y reflexión individual.

El pedazo de historia que nos cuenta Stern, examina la compleja amistad que mantuvieron Albert Einstein y el premio Nobel de Química Fritz Haber, comparando sus reacciones ante la vida alemana de la época y su herencia judía. El libro nos muestra también las carreras, tan turbulentas como relacionadas entre sí, del físico Max Planck, una figura austera y poderosa, uno de los más grandes científicos del siglo XX, que contribuyó a hacer de Berlín un lugar apasionado y productivo para otros científicos legendarios; de Paul Ehrlich, descubridor de la quimioterapia; de Walther Rathenau, industrial y estadista germano-judío asesinado trágicamente en 1922; y de Chaim Weizmann, químico, sionista y primer presidente de Israel.
Estos hombres, en Comunidad, fueron capaces de conversar, discutir, apoyarse, aprender, competir y desarrollar un conocimiento que transformó para siempre la historia de la ciencia y por tanto del saber de la humanidad.

Si como dice Jorge Wagensberg “la humanidad sólo se salvará cuando pongamos el conocimiento por delante de todo.“, parece que vale la pena insistir una y otra vez en las escurridizas reflexiones, estudios y propuestas, sobre cómo los hombres y las mujeres nos organizamos para comprender nuestro entorno y mejorarlo gracias a la generación e intercambio de conocimiento.

Hoy disponemos de más herramientas, de tecnología, de más conocimiento (metaconocimiento, me refiero a aquel que es a la vez materia prima para la generación de conocimiento), más experiencia acumulada, más conciencia colectiva (o estupidez generalizada, pero démonos un respiro), más de todo…

…pero también tenemos más complejidad y la colaboración entre grupos de personas, hoy en día debe atender a nuevos contextos y motivaciones. Gracias a Andres Schuschny y a su post resumen, llego a la Guidelines for Group Collaboration and Emergence” de Venessa Miemis, dónde menciona entre otras joyas, algunos indicadores de esa complejidad y como usarlos para mejorar la colaboración. Estos son:

1. Tasa de flujos de información
2. Grado de diversidad
3. Riqueza de la conectividad
4. Nivel de ansiedad contenida
5. Grado de diferencias de poder

Os animo a visitar el blog de Emergent by Design o el deSchuschny para leer los artículos completos.

Pero creo, que además de mayor complejidad que en los tiempos de Einstein, tenemos un riesgo añadido, y es todo lo que tiene que ver con el exceso, la abundancia, las modas, el consumismo (también de relaciones, de interconexiones), la inmediatez, la superficialidad (“surfear por la superficie” que dice Baricco), la banalidad en la que podemos caer y perdernos aquello que hacían Einstein y sus colegas con cartas manuscritas y encuentros en los cafés de Berlín.

Busco a Bauman para que me ayude a explicar mejor lo que quiero decir y me encuentro con este post de Genís Roca , así que os lo dejo aquí para que os encontréis con ellos.

Interesante también un video reciente de Enric Senabre que se adentra en las diferencias entre Redes sociales y Redes de Conocimiento y en la necesidad de crear espacios y condiciones dónde estas últimas se desarrollen para aportar valor real.

Disculpas por el cocktail quizás caótico y la falta de conclusiones. Quería compartir tan sólo añoranzas de grandes periodos de escasez técnica y exuberancia creativa y esperanzas en que todo el arsenal técnico actual nos ayude a acercarnos a la idea de salvación que propone Wagensberg.

Categoría: Personas

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Comentarios: 4

  1. cumClavis 23/07/2010 at 07:42 Reply

    Parece ser que en el alambique de tu pensamiento se está produciendo un exquisito destilado. Este conjunto de reflexiones lejos de parecerme desordenadas las encuentro como puntos de acupuntura cerebral que estimulan a su vez aplicaciones en campos en los que estoy entrando. Me ha gustado especialmente aquello de “la banalidad en la que podemos caer y perdernos aquello que hacían Einstein y sus colegas con cartas manuscritas y encuentros en los cafés de Berlín” y me hace pensar en posibles “errores” en los que podemos caer incluso nosotr@s. Gracias por este masaje/desfibrilador cerebral. Un abrazo.

  2. improsofia 23/07/2010 at 11:14 Reply

    ME encantó la reflexión. Especialmente la referencia Jorge Wagensberg, autor de un libro que realmente me impacto “El goce intelectual”, que el mismo equipara e incluso coloca por encima del coge sexual. Estos esfuerzos multidisciplinares se siguen produciendo, un ejemplo es la aparición de la neurociencia como trabajo multidisciplinar entre matemáticos, físicos, informáticos, biólogos,ingenieros,psicólogos,…

    Se tiene que pasar del conocimiento parcelado minifundista y aislado mediante muros, al conocimiento latifundista, compartido, integrado y sin fronteras. Las comunidades ya sean virtuales o físicas lo facilitan.

    Un abrazo:

    Fernando

  3. Fran Antón 24/07/2010 at 10:13 Reply

    Gracias por el post.. todo lo contrario de caótico desde mi percepción… Me ha gustado mucho leerlo, me ha acariciado por dentro…me ha susurrado… le has puesto voz a mis reflexiones internas e inquietas de estos últimos meses. Y hasta he sentido alivio.

    Gracias. Un placer.

    Fran..

  4. Odilas 25/07/2010 at 17:09 Reply

    Hola Manel, me ha gustado eso de la “acupuntura cerebral”, tantos estímulos recibimos que al final, el reto es seleccionar lo esencial de lo superfluo.
    No sé si llamarlo errores, pero sí creo que tod@s (“incluso nosotr@s” o precisamente nosotr@s) estamos expuestos a como mínimo, cierta confusión.Un abrazo

    Hola Fernando, compartimos pasión por Wagensberg y ese libro que mencionas, fué también para mi un “orgasmo” intelectual :) Un abrazo y hasta pronto!

    Hola Fran Antón, celebro haber provocado todas esas sensaciones que mencionas!, a veces nos reconforta el mero hecho de poner palabras a emociones o pensamientos abstractos. Gracias por pasarte y bienvenido.

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