Katogi

DSC_0729Hay por aquí otro paraíso. Este es gastronómico.
Los primeros días había “subsistido” a base de empanadas de pita, crepes, o alguna comida apresurada y desencantada. Me sentía hambrienta y desganada a la vez. Hasta que una noche, me di de bruces con “Katogi”, desde fuera un patio escondido bajo unas escaleras, al que nunca entrarías sin intención de allanar morada ajena.

Al asomar la cabeza, una chica me hizo un gesto con el brazo y me invitó a sentarme en una de las mesas del patio. Un espacio al aire libre, cubierto por una enredadera y que antecedía a una casa antigua (casi una cueva) dónde se encontraba el restaurante.

Hay apenas una decena de mesas de madera serpenteando el callejón, enarbolado de macetas, farolillos, velas, coronas de flores, jaulas vacías. Otra dimensión: Dejar atrás el mundo de la musica-ruido, de la comida rápida y de las luces locas. Será otra “reserva protegida”, acogedora, sensual. Ella lo es, la mujer que me invita a entrar. Es joven, alta, espigada, atlética pero de formas suaves. El pelo negro y lacio le cae por la espalda agresivamente tatuada. Parece una rockera dura pero sus ojos verdes son dulces y alegres. Sin duda una de las mujeres más bellas que he visto en mi vida.

Me acomoda en una mesa pequeña entre el final del callejón y el inicio de la cavidad de la piedra. Mi asiento también es de piedra. Un montículo que sobresale de la pared y sobre el que hay una esterilla y un par de cojines de ganchillo. Sucios pero sin ofender.

Suena una música embriagadora. No sé que es, algo entre Demis Roussos i Dulce Pontes (que me perdonen todos los posibles aludidos). Una voz femenina que evoca todas las posibles veladas desde Cádiz a Estambul.

Después de concentrarme en la carta unos minutos, me rindo y dejo que ella me aconseje. Da igual, a estas alturas he decidido que cenaré aquí todas las noches y jugaré con cada una de estas delicias.
Escogemos un trozo de feta rebozado y servido sobre una lecho de miel y un arroz con champiñones y crema de queso.

Mientras espero, las mesas se van llenando. Todos se conocen, todos se saludan y se besan efusivamente, entre ellos y con la bella camarera. Me siento una intrusa. A pesar de las miradas complacientes y de sutiles gestos de saludo, me siento como si me hubiera colado en una fiesta a la que nadie me ha invitado.

A cada bocado que doy, siento como si la sangre volviera a mis venas. Suspiros ahogados en pudor. Exquisito.
Es difícil describir las sensaciones que esa comida causa en mi espíritu: por un momento, dejo de sentirme una extraña, como si el hecho de compartir con aquellos desconocidos el deleite gastronómico, nos uniera a todos en un rito ancestral.

La gente se levanta de una mesa y se acomoda en otra, como en las bodas, dónde tras el café o la tarta, los invitados rompen el protocolo que les ha hecho compartir mesa con aquellos que atendían más a un criterio (casi siempre delirante) de política familiar, que de afinidades personales.

Yo sigo en mi mesa, claro. Observo discretamente. Escribo. Y tras un tiempo prudente, pido la cuenta. Pasados los efectos del trance, vuelvo a sentirme fuera de lugar, porque esto no es un restaurante, es algo así como un club social. Insisto con la cuenta, Eva (el nombre provisional de la camarera) me ignora. Salta de mesa en mesa, se mueve tan rápido que parece que baile.
Vuelvo a insistir y esta vez señalo a la gente que espera mesa al final del callejón. Se detiene, me sonríe. “Tranquila. Tómate tu tiempo. Disfruta”. Debe ser un mantra del lugar (o debería serlo)

De vuelta, en vez de la cuenta, me trae una jarra de latón con vino. “Disfruta”. Me vuelve a sonreír y se aleja danzando entre las mesas.

Categoría: Pasiones

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Comentarios: 4

  1. Yoriento 21/08/2009 at 22:31 Reply

    Encantador, evocador… Cuando te relajas, la literatura te acompaña, amiga.

    “Sucios pero sin ofender.” Me encantó ;-)

  2. Anonymous 22/08/2009 at 07:38 Reply

    Jo! que bonito!! genial!

    ViK

  3. cumClavis 22/08/2009 at 13:25 Reply

    Por lo visto encontraste a una Diosa! y, ésta te ha reconocido. Era de preveer… Un beso

  4. Odilas 23/08/2009 at 09:11 Reply

    Gracias Yoriento. Cuando nos relajamos, somos capaces de hacer cualquier cosa, verdad?.

    Vik!.;-))

    cumClavis..la invocaste tu?! ;-)

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